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Comunicado. 11/06/2021.- Ante la decisión adoptada por la Comisión de Hacienda del Congreso de los Diputados en relación con la deducción de 1.000 euros contemplada la Ley General de Presupuestos para gastos educativos en centros privados de 0-3 años, la Asociación de Centros Autónomos de Enseñanza Privada (ACADE), desea hacer público lo siguiente:
Sería un contrasentido que una deducción fiscal para gastos educativos se pueda emplear en el pago de centros que no son educativos, porque simplemente no reúnen las muy estrictas condiciones exigidas para ser centros de educación infantil.
Evidentemente, desde ACADE defendemos la desgravación fiscal para gastos educativos, tal como establece la Ley General de Presupuestos. No concebimos que el Congreso o el Senado adopten medidas que avalen a establecimientos que no imparten educación al no contar con la autorización oportuna para realizar esta actividad. La deducción fiscal promueve la escolarización en 0-3 años, y las guarderías son establecimientos que no escolarizan al no tener la autorización para ello.
Los centros que carecen de esta autorización autonómica no son centros educativos, son establecimientos con una autorización municipal para ejercer una actividad distinta a la educativa. Por tanto, estamos hablando de establecimientos con una autorización municipal de uso no educativo y, que en ocasiones, están ofertando y ejerciendo como centros educativos sin serlo, sin tener ningún control para tal actividad (condiciones de espacios, seguridad sanitaria y alimentaria…). Otra cosa es que se denominen de manera que induzcan a las familias a confusión, a través de publicidad engañosa, y crean que están llevando a sus hijos a Centros de Educación Infantil Autorizados, cuando no lo son y por ello no pueden beneficiarse de una deducción fiscal prevista para gastos educativos, pues no cumplen el requisito esencial de ser centros educativos.
Cumplir todo ello es realmente muy costoso, y si hubiera otras empresas que sin esta autorización pueden beneficiarse de deducciones para gastos educativos, estaríamos ante un claro escenario de competencia desleal y de un gran riesgo para sus usuarios, al tratarse de una actividad sin control de las autoridades competentes para el ejercicio de la actividad educativa.