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«Prácticamente desde el momento en el que nacen, los niños empiezan a mostrar sus frustraciones, enfados o decepciones, a través de los gritos, llantos o pataletas, lo que, comúnmente, conocemos como una rabieta de niño pequeño. Esto es, porque en ciertas edades, las emociones y sentimientos son un poco complicadas de controlar. Hay niños, que tienden a enojarse de forma puntual y que son capaces de controlar sus sentimientos perdiendo la calma solamente en momentos ocasionales, sin embargo, otros niños expresan su disconformidad de forma menos controlada.
En estos casos, el papel de los padres y de los adultos que les rodean es fundamental y, aunque nos invada un sentimiento de disgusto o mal estar, debemos entender que para los más pequeños aprender a controlar sus emociones se convierte en un proceso de aprendizaje sobre el autocontrol. Saber dirigir estas rabietas es un trabajo difícil, tanto para niños como para padres, y es aquí donde la paciencia de los progenitores tendrá un papel protagonista, para conseguir que estas habilidades puedan desarrollarse con éxito.
Es importante que sepamos, más o menos, interpretar la causa de estos berrinches o rabietas. Digo “más o menos” porque no se trata de una ciencia exacta y es que muchas veces, como humanos, nos equivocamos por el mero hecho de que estos patrones de comportamiento no son fáciles de identificar. En algunas ocasiones, estas rabietas pueden ser el resultado de un retraso en el desarrollo del lenguaje, aunque este sea mínimo, es decir, que nuestro hijo o hija, presente una menor comprensión del lenguaje y no entienda qué es lo que se le está queriendo decir o no consiga expresar sus necesidades de forma más asertiva. Por otro lado, como causa-efecto de una repetición de patrones, es decir, si en alguna ocasión tras una rabieta un niño se vio recompensado, aprende a repetirla porque sabrá que, a través de estas, consigue salirse con la suya, o simplemente, como comentamos al principio, pueden ser causadas por frustraciones, como el propio cansancio.
Podemos considerar cinco claves básicas para poder controlar las rabietas de nuestros pequeños.
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En conclusión, es normal que los niños sufran este tipo de rabietas cuando son pequeños, forma parte del proceso madurativo y del desarrollo de su autocontrol. Saber encauzarlo es un trabajo en el que la paciencia de los padres es esencial y si la utilizamos conseguiremos muy buenos resultados».