pearl se activó demasiado pronto. Esto suele ser un indicador de que algún código del plugin o tema se ejecuta demasiado pronto. Las traducciones deberían cargarse en la acción init o más tarde. Por favor, ve depuración en WordPress para más información. (Este mensaje fue añadido en la versión 6.7.0). in /homepages/12/d722919044/htdocs/clickandbuilds/NuevaWebACADE/wp-includes/functions.php on line 6131js_composer se activó demasiado pronto. Esto suele ser un indicador de que algún código del plugin o tema se ejecuta demasiado pronto. Las traducciones deberían cargarse en la acción init o más tarde. Por favor, ve depuración en WordPress para más información. (Este mensaje fue añadido en la versión 6.7.0). in /homepages/12/d722919044/htdocs/clickandbuilds/NuevaWebACADE/wp-includes/functions.php on line 6131En el contexto social en el que vivimos actualmente, en el que la individualización y la polaridad está tan presente, los colegios deben ser espacios donde los más pequeños pueden adquirir las herramientas para aprender a convivir. El objetivo no debe ser únicamente enseñar contenidos académicos, sino ser capaces de formar alumnos que puedan trabajar en equipo y, sobre todo, ser empáticos y llegar a comprender a los demás.
De este modo, consideramos que esta educación en valores no debe limitarse a dar lecciones morales o simplemente da normas de cómo comportarse. Debe tratarse de un proceso continuado en el tiempo, que vaya desde la etapa infantil hasta su edad más adulta, y que esté completamente integrado en la experiencia escolar.
Dentro del ámbito escolar, consideramos dos valores que creemos fundamentales trabajar en el aula: la empatía y el trabajo en equipo. En primer lugar, entendemos como empatía la capacidad de reconocer y acoger las emociones y perspectivas de otro. En las aulas, es muy importante que los alumnos se sientan en un espacio seguro donde se sientan escuchados y respetados cuando transmiten su opinión. Para favorecer este clima y transmitirla importancia de esta empatía en niños y adolescentes, existen mecanismos muy sencillos de aplicar en las aulas como los debates guiados o las tutorías grupales, entre iguales. De este modo, se fomenta una convivencia mucho más humana y cercana en la que los estudiantes se sientan con la tranquilidad y confianza para participar y, sobre todo, aprender.
Por otro lado, el trabajo en equipo es una herramienta clave para desarrollar habilidades muy necesarias en la vida adulta. Poder realizar una comunicación efectiva, la resolución conjunta de retos, aprender a negociar y delegar, tomar decisiones en junto, es algo fundamental, tanto para desarrollar un perfil profesional, como para su vida personal. Para ello, fomentar en las aulas trabajos colaborativos, con roles dentro de los grupos o metodologías como el Aprendizaje basado en proyectos, son de vital importancia.
Como se puede observar, estos valores se entrelazan de forma natural. Porque el trabajo en equipo solo se puede dar cuando hay respecto y comprensión. Por otro lado, la empatía solo se puede fortalecer y desarrollar cuando hay situaciones de cooperación. La interacción dentro de los equipos, inevitablemente, obliga a que se escuche, se expresen desacuerdos y se aprecie las valoraciones de los demás.
Favorecer este clima de confianza y bienestar emocional, también repercute muy positivamente en los resultados académicos. Tener una relación positiva con los compañeros y con el entorno hace que mejore la motivación sea mucho mayor y, con ello, la atención e interés hacia los conocimientos.
Trabajar esto desde las aulas y en edades tempranas, hará mucho más fácil que en la vida adulta puedan aplicarlo. Para ello, es muy importante que en los centros educativos haya un trabajo coordinado entre etapas, donde se introduzcan e integren dinámicas y metodologías en el día a día. Con ello, el aprendizaje y el desarrollo será mucho más natural. Por supuesto, debe de haber una continuidad más allá de las aulas, tanto en casa como en el resto de espacios de convivencia.
Apostar por la formación en valores como son la empatía y el trabajo en equipo significa optar por un modelo educativo que entiende las aulas como un espacio de crecimiento integral. Se trata de construir un marco en el los alumnos puedan desarrollar, a partir de su formación académica, otras habilidades que son básicas para su vida personal. Se les da la oportunidad de aprender a convivir y crear en conjunto, en una sociedad que es cada vez más individualista en la que los sentimientos y emociones de los demás han pasado a un segundo plano.
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En el contexto social en el que vivimos actualmente, en el que la individualización y la polaridad está tan presente, los colegios deben ser espacios donde los más pequeños pueden adquirir las herramientas para aprender a convivir. El objetivo no debe ser únicamente enseñar contenidos académicos, sino ser capaces de formar alumnos que puedan trabajar en equipo y, sobre todo, ser empáticos y llegar a comprender a los demás.
De este modo, consideramos que esta educación en valores no debe limitarse a dar lecciones morales o simplemente da normas de cómo comportarse. Debe tratarse de un proceso continuado en el tiempo, que vaya desde la etapa infantil hasta su edad más adulta, y que esté completamente integrado en la experiencia escolar.
Dentro del ámbito escolar, consideramos dos valores que creemos fundamentales trabajar en el aula: la empatía y el trabajo en equipo. En primer lugar, entendemos como empatía la capacidad de reconocer y acoger las emociones y perspectivas de otro. En las aulas, es muy importante que los alumnos se sientan en un espacio seguro donde se sientan escuchados y respetados cuando transmiten su opinión. Para favorecer este clima y transmitirla importancia de esta empatía en niños y adolescentes, existen mecanismos muy sencillos de aplicar en las aulas como los debates guiados o las tutorías grupales, entre iguales. De este modo, se fomenta una convivencia mucho más humana y cercana en la que los estudiantes se sientan con la tranquilidad y confianza para participar y, sobre todo, aprender.
Por otro lado, el trabajo en equipo es una herramienta clave para desarrollar habilidades muy necesarias en la vida adulta. Poder realizar una comunicación efectiva, la resolución conjunta de retos, aprender a negociar y delegar, tomar decisiones en junto, es algo fundamental, tanto para desarrollar un perfil profesional, como para su vida personal. Para ello, fomentar en las aulas trabajos colaborativos, con roles dentro de los grupos o metodologías como el Aprendizaje basado en proyectos, son de vital importancia.
Como se puede observar, estos valores se entrelazan de forma natural. Porque el trabajo en equipo solo se puede dar cuando hay respecto y comprensión. Por otro lado, la empatía solo se puede fortalecer y desarrollar cuando hay situaciones de cooperación. La interacción dentro de los equipos, inevitablemente, obliga a que se escuche, se expresen desacuerdos y se aprecie las valoraciones de los demás.
Favorecer este clima de confianza y bienestar emocional, también repercute muy positivamente en los resultados académicos. Tener una relación positiva con los compañeros y con el entorno hace que mejore la motivación sea mucho mayor y, con ello, la atención e interés hacia los conocimientos.
Trabajar esto desde las aulas y en edades tempranas, hará mucho más fácil que en la vida adulta puedan aplicarlo. Para ello, es muy importante que en los centros educativos haya un trabajo coordinado entre etapas, donde se introduzcan e integren dinámicas y metodologías en el día a día. Con ello, el aprendizaje y el desarrollo será mucho más natural. Por supuesto, debe de haber una continuidad más allá de las aulas, tanto en casa como en el resto de espacios de convivencia.
Apostar por la formación en valores como son la empatía y el trabajo en equipo significa optar por un modelo educativo que entiende las aulas como un espacio de crecimiento integral. Se trata de construir un marco en el los alumnos puedan desarrollar, a partir de su formación académica, otras habilidades que son básicas para su vida personal. Se les da la oportunidad de aprender a convivir y crear en conjunto, en una sociedad que es cada vez más individualista en la que los sentimientos y emociones de los demás han pasado a un segundo plano.
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Según estimaciones de la ONU, para el año 2050 alrededor del 75% de los empleos estarán vinculados a las áreas STEM. Este término, acrónimo de los términos en inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), engloba disciplinas clave en el desarrollo científico y tecnológico.
Estas previsiones han motivado a muchos centros educativos a apostar por este tipo de formación, con el objetivo de preparar a sus alumnos para los desafíos del futuro laboral. Cada vez son más los colegios que apuestan por incorporar la educación STEM. En el caso de Hastings School, cuentan con un director STEM desde 2021, además de un equipo especializado (nueves profesores y tres técnicos en ciencias) para garantizar la mejor enseñanza. Una fuerte apuesta basada en los importantes beneficios que esta formación tiene en los alumnos desde edades tempranas:
Desarrollo del pensamiento crítico y resolución de problemas
La metodología STEM impulsa el análisis, la argumentación y la toma de decisiones informada. Gracias al desarrollo de proyectos reales, los alumnos comienzan a identificar desafíos reales y, a su vez, evaluar alternativas y diseñar soluciones.
Creatividad orientada a la innovación
La combinación de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas hace que los estudiantes experimenten con distintas posibilidades y, con ello, descubran enfoques originales. Esta dinámica les permite desarrollar una mentalidad abierta y mucho más creativa.
Dominio de competencias digitales
Esta apuesta educativa también incorpora el uso de herramientas tecnológicas y recursos digitales. En el contexto científico y tecnológico, es fundamental que los alumnos sepan y comprendan cómo funcionan las herramientas digitales y también, cómo aplicarlas.
Participación equitativa
Un programa STEM correctamente diseñado es también una herramienta para disminuir barreras asociadas a determinadas disciplinas . De este modo, se fomenta una participación más igualitaria de todos los estudiantes, especialmente de las niñas, en áreas que tradicionalmente has estado dominadas por hombres.
Mentalidad emprendedora
La educación STEM también fomenta de manera indirecta un espíritu emprendedor ya que integra creatividad, tecnología y resolución de problemas en el mismo proceso de aprendizaje. Con ello, los estudiantes desarrollan la capacidad de identificar oportunidades, analizar necesidades reales y proponer soluciones reales a estas necesidades.
Como conclusión, la educación en STEM es una apuesta formativa que prepara a los alumnos para responder a las demandas de un contexto laboral cada vez más tecnológico, digital y global. Además de formarles en competencias científicas, digitales y creativas, este método impulsa su desarrollo personal y les otorga habilidades esenciales para su futuro profesional y personal.
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Una actividad en la que los niños tengan que inventarse una historia de miedo, pero que tenga un final positivo, gracioso o inesperado. Con ello, podrán trabajar la creatividad, la estructura narrativa, trabajan la redacción y amplían su vocabulario.
Experimentos
Se pueden poner en práctica, tanto en casa como en las aulas, sencillos experimentos como la mezcla de vinagre con bicarbonato para, así, crear bebidas que burbujean o volcanes que explotan sin control . Con ello, los niños entenderán y aprenderán conceptos básicos de química y aprenden sobre las reacciones entre diferentes sustancias.
El esqueleto
Es un elemento imprescindible de cualquier fiesta de Halloween, pero también, puede ser una herramienta para identificar los huesos del cuerpo humano. Si, además, le añadimos músculos y órganos, podremos jugar con los niños a identificar y repasar anatomía de una manera más original.
Máscaras monstruosas
Halloween puede ser una excelente excusa para hablar de reciclaje. Por ello, una acción puede ser el diseño de máscaras con materiales reciclados. Además, se puede animar a los niños a inspirarse en criaturas o personajes mitológicos de otros países, aprendiendo así sobre sus culturas y tradiciones.
Reforzar idiomas
La fiesta de Halloween puede ser también una buena excusa para practicar vocabulario relacionado con esta fiesta. Para ello, solo necesitaremos dos cartulinas, una tachuela de encuadernación y rotuladores. A continuación, hay que hacer dos círculos. En el superior, haremos pequeñas ventanas. En el inferior, escribiremos palabras en inglés relacionas con Halloween. Los niños giran la rueda y podrán ver las palabras relacionadas con esta fiesta a través de las ventanas.
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Una de las preocupaciones más comunes en los centros escolares es la gestión del acoso escolar. Para muchos niños y adolescentes, la vuelta al colegio viene acompañada de una sombra de miedo y temor por tener que reencontrarse con sus acosadores. Esta realidad obliga a las instituciones a adoptar un papel activo y comprometido, tanto en la prevención como en la intervención ante cualquier escenario de abuso.
Para combatir esta problemática, es imprescindible que los centros escolares cuenten con unas políticas firmes, actualizadas y bien definidas que aborden, no solo la respuesta ante los casos de acoso, sino también su detección temprana y prevención.
Para ello, hay que tener en cuenta que el bullying puede manifestarse de diferentes maneras. Algunas son más evidentes, como las agresiones físicas o las amenazas verbales. Sin embargo, también hay maneras de agredir que son más silenciosas, como la exclusión o la difusión de rumores maliciosos. En este último escenario entran también aquellas que se producen en la red, cada vez más frecuentes y menos fáciles de identificar por parte de los docentes.
De este modo, el acoso puede ser abierto y amenazador, en el que se manifieste claramente una situación de desequilibrio entre el acosador y la víctima; o bien ocurrir de manera sutil y encubierta, dificultando su detección.
¿Cuáles son las motivaciones más habituales que hay detrás del acoso escolar?
Principalmente, los casos de abuso vienen motivados por un perjuicio contra grupos particulares a los que se les presupone una debilidad por parte del agresor que suele estar relacionada con su raza, religión, orientación sexual, necesidades especiales o las circunstancias familiares que rodean a la víctima. De este modo, se busca señalar aquello que hace diferente a otro niño, incluso cuando esa diferencia es percibida, sin importar si es algo real o no.
Detectar que un menor está siendo víctima de acoso requiere observar señales directas e indirectas. Habitualmente, los niños y adolescentes que están sufriendo episodios de acoso escolar suelen manifestarlo de manera inconsciente, incluso cuando no quieren verbalizarlo. Por ejemplo, muestran un lenguaje corporal reprimido, evitan el contacto visual o tienen dificultad para dormir. Hay otros signos más evidentes como la reticencia a ir al colegio, el cambio de horarios y hábitos establecidos o elegir la compañía de alumnos frente a compañeros de su misma edad.
Frente a esta realidad, el colegio debe actuar con un enfoque integral. No basta con intervenir cuando se produce un incidente, es necesario implementar medidas preventivas que promuevan un clima escolar seguro y respetuoso. Esto incluye recopilar de manera proactiva información sobre conflictos entre alumnos, formar a todo el personal para que conozcan los principios de la política antiacoso, las responsabilidades legales asociadas y, por último, los protocolos de actuación. Por supuesto, deben saber enfrentarse a conflictos de este tipo, saber resolverlos y tener claro a quién acudir para solicitar apoyo especializado.
En definitiva, el objetivo de los colegios debe ser doble. Por un lado, que el personal educativo se sienta preparado y respaldado para gestionar el problema del acoso escolar con eficacia y, por otro lado, que los alumnos se sientan empoderados, capaces de rechazar cualquier tipo de abuso y de buscar ayuda sin miedo.
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Con la llegada del verano viene también el eterno debate: ¿deberes sí o deberes no? Como ocurre en otros muchos aspectos de la vida, en el equilibrio está la respuesta. Las vacaciones de verano están pensadas para que los niños descansen y, de alguna manera, rompan con la rutina que han seguido durante el curso. Pero esta no implica que deban permanecer inactivos durante los tres meses que duran las vacaciones de verano.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que no se debe generalizar. Cada caso es diferente y cada situación académica también. En el caso de que desde el colegio se recomiende o envíe algún tipo de tarea para el verano, lo importante es entender el porqué. Localizar si ha habido alguna dificultad durante el curso para que, entre el mundo docente y las familias, ponerle solución. Es decir, localizar si hay algún problema en el método de estudio y aprovechar los meses de verano para corregirlo. A veces, más que repetir ejercicios, se trata de fortalecer hábitos de estudio, mejorar la organización personal o reforzar áreas concretas como la comprensión lectora o las matemáticas.
No obstante, sí que es importante destacar que, si el trabajo durante el curso ha sido constante y eficaz, los niños pueden disfrutar de su descanso y desconexión. El no tener deberes unos deberes pautados no quiere decir que los niños tengan que estar todo el verano pegados al móvil o Tablet. Hay muchas maneras de que sigan manteniendo su mente activa sin estar 8 horas delante de un libro. El verano es el mejor momento para que pongan en práctica aquellas actividades que en el día a día del curso no se pueden ejecutar. Leer libros (que sea por placer y no por obligación), practicar deporte con amigos, hacer talleres de pintura o música o cualquier otra actividad que permitan desarrollar su creatividad.
También hay muchas tareas cotidianas que pueden tener un valor educativo como, por ejemplo, hacer la compra y aprovechar para hacer sumas mentales con los precios; o hacer una receta y calcular las proporciones de los ingredientes. Estas experiencias, además de ser oportunidades para practicar matemáticas, favorecen su autonomía personal.
Por otro lado, no hay que tener miedo a que establezcan cierta rutina. Por supuesto, no tienen que ser los mismos horarios o actividades que se siguen durante el curso. Su rutina de verano puede ser ir a un campamento de verano, ir a cursillos de natación por las mañanas o establecer una hora de lectura.
No podemos olvidar tampoco que los niños también aprenden jugando. Por ello, se pueden poner en práctica numerosas dinámicas que les entretengan, divierta y con las que, a su vez, aprendan y refuercen conocimientos que habían adquirido durante el curso. A través del juego se desarrollan habilidades cognitivas como la memoria, la resolución de problemas o el pensamiento estratégico. Los juegos de mesa, por ejemplo, son una gran manera de ejercitar ciertas habilidades. Además, hacerlo en familia o con amigos les invitará a querer hacerlo más veces.
No obstante, también es fundamental que los niños tengan tiempo para aburrirse. El aburrimiento da pie a que puedan desarrollar su creatividad. Ante el aburrimiento, los niños se inventarán juegos o maneras de entretenerse.
En definitiva, la época estival no tiene que convertirse en una prolongación del curso, ni tampoco un vacío de estímulos. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre el descanso y una estimulación adecuada y que puedan hacer todas aquellas actividades que, durante el curso, no pueden ejecutarse. Además, a ello se le suma que pueden disfrutar de mucho más tiempo con la familia y amigos.
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El verano es una época maravillosa para que los niños refuercen su inglés fuera del aula y que pongan en práctica lo aprendido durante el curso en diferentes contextos, más distendidos y lúdicos. De este modo, se pueden poner en práctica numerosas actividades en casa o incluso en la piscina o en la playa con amigos, y practicar el inglés sin que apenas se den cuenta.
A continuación, Hastings School ofrece algunas ideas muy sencillas de poner en práctica durante este verano:
Hacer un diario de verano
Es una manera de practicar la escritura y, además, tener un magnífico recuerdo del verano. Para ello, únicamente tienen que ir actualizando en su diario todas las actividades, viajes o momentos importantes para ellos. Debemos animarlos a buscar aquellas palabras o expresiones que todavía no sepan decir o escribir en inglés. Así, casi sin darse cuenta, aumentarán su vocabulario y lo pondrán en práctica.
Ver películas en inglés
El cine y las series son grandes aliados a la hora de reforzar y aprender inglés. Por ello, una manera de trabajar el idioma con los más pequeños es ver sus películas favoritas en inglés. Con ello, mejorarán su oído y pronunciación. Además, las películas infantiles suelen tener diálogos muy sencillos y unas imágenes que ayudan a comprender fácilmente la trama, aunque no se entienda perfectamente el diálogo. Y será mucho más sencillo si, además, ya han visto la película previamente en castellano.
Escribir postales en inglés
Reforzar el inglés puede ser una muy buena excusa para recuperar esta tradición tan característica del verano hace unos años. Intercambiar postales con sus amigos del colegio en inglés durante todo el verano es una manera muy original y especial para ellos de seguir practicando el idioma.
“Simon says”
Es uno de los juegos más populares entre los más pequeños y puede ser una gran herramienta para reforzar vocabulario en inglés. Para jugar, se necesitan al menos tres personas. Uno de ellos debe asumir el rol de Simón, que será quien dirija al resto de participantes. Con la frase Simón says (Simón dice) anunciará cuál es la acción que tienen que repetir el resto. Aquel que no lo haga, quedará eliminado. Este juego, muy presente en la cultura anglosajona, contribuye a que refresquen vocabulario, especialmente los verbos o los phrasal verbs.
Lectura
La lectura es una de las actividades más sencillas y más beneficiosas para los niños. El verano es, sin duda, una de las mejores épocas para iniciarse en este hábito, tanto en castellano como en inglés. A día de hoy, hay numerosas opciones en cuanto a edad, nivel y temática. Incluso los hay que incluyen ejercicios para que puedan practicar gramática o reforzar el vocabulario aprendido en el libro.
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Pasadas las pruebas de acceso a la Universidad y la elección de la carrera universitaria, los jóvenes tendrán que hacer frente a uno de los cambios más importantes en su vida, el paso a la universidad. Con ello, no solo se cierra una etapa educativa, sino que se marca una nueva etapa en su vida.
En muchos casos, los alumnos tendrán que dejar sus casas para ir a estudiar a otra ciudad e independizarse. De este modo, empezarán a hacerse responsables de su independencia, además de enfrentarse a un nuevo entorno académico, con nuevos compañeros y profesores que pueden condicionar su inicio en esta nueva etapa. ¿Qué recomendaciones hacen los expertos para que este proceso sea mucho más llevadero?
En primer lugar, una vez ya hayan elegido la carrera y universidad en la que la van a cursar, se informen acerca de los servicios que ofrecen. También podrán saber si desde la universidad se ofrecen charlas o sesiones de presentación, que les ayudarán a conocer mejor el plan de estudios de su carrera, las instalaciones de la facultad y los recursos que tienen a su disposición.
Como mencionábamos anteriormente, habrá muchos alumnos que tendrán que cambiar de ciudad o, incluso, de país. En ese caso, es también muy recomendable que se informen acerca de la ciudad que va a ser su hogar durante los próximos meses. Las ciudades universitarias suelen tener muchas alternativas de ocio para los estudiantes. Apuntarse a una puede ser una buena alternativa para conocer a gente nueva y construir una nueva red de amigos.
Cambiarse ciudad implica en muchas ocasiones que los alumnos comiencen a compartir piso o alquilen su propia vivienda. De este modo, tendrán que ser responsables de su economía, ser responsables con los gastos, cocinar, limpiar, etc. Aunque algunos de ellos ya asumirán estas tareas en casa, otros será la primera vez que tengan que hacer frente a ellas. Por ello, es muy recomendable que las familias los animen a que empiecen a asumir esas responsabilidades antes de independizarse, para así, que el asalto sea gradual y puedan asumirlo correctamente.
En lo que respecta a la parte más emocional, a la hora de afrontar la distancia con la familia, también es importante adquirir una serie de hábitos. Por ejemplo, sobre todo en las primeras semanas, establecer un horario de llamadas o videollamadas les ayudará a reducir la nostalgia inicial. No obstante, en cuanto establezcan su red de amigos y compañeros encontrarán en ellos la seguridad emocional que ofrecen las familias.
En la parte académica, lo más relevante es que desde el principio sigan un método de estudio y organizarse correctamente para que los estudios pasen a un segundo plano. En el periodo universitario una muy buena autogestión del tiempo es fundamental para lograr el éxito académico.
Con todo ello, comenzar la etapa universitaria es un cambio integral en la vida de los alumnos. No solo afecta a la parte académica, sino que también supone un desafío personal y emocional el que, probablemente, los estudiantes necesiten el apoyo de las familias. Contar con ese respaldo les ayudará a ganar seguridad y afrontar los cambios con mayor serenidad.
La etapa universidad será una etapa crucial para sus vidas. Un periodo en el que forjarán amistades, consolidarán sus valores y aprenderán habilidades que los acompañarán el resto de toda su vida.
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La adolescencia es una de las etapas más desafiantes en cuanto a la gestión de emociones. Una de las reacciones más complejas de gestionar es la frustración, esa sensación de insatisfacción o fracaso cuando no se consigue aquello que se desea. En un contexto social marcado por la hiperconectividad e inmediatez, esta emoción parece manifestarse con mayor frecuencia. La exposición continua a vidas aparentemente perfectas en redes sociales incrementa la sensación de frustración entre los adolescentes cuando no se cumplen unas expectativas vitales que, en muchas ocasiones, no son cercanas a la realidad. A ello se le suma el fenómeno conocido popularmente como FOMO (Fear of Missing Out), que es el miedo a perderse un evento social o algo importante, lo que aumenta la presión sobre ellos y genera un círculo de comparación muy dañino.
Así pues, es casi inevitable que el sentimiento de frustración aparezca en algún momento. Y, por ello, es importante transmitir que no es algo malo. Lo fundamental es aprender a gestionarlo de la manera más adecuada.
Para ello, es fundamental que puedan identificar lo que sienten. Familias y docentes deben ayudar a los jóvenes a que pongan nombre a lo que les sucede. Identificar qué les está pasando y por qué, y entender que muchas veces estos procesos son necesarios para su desarrollo. Y, por supuesto, lo más importante, que sepan cómo darle respuesta.
Sin embargo, no siempre resulta fácil. En ocasiones, los jóvenes pueden sentirse perdidos a la hora de enfrentarse a este tipo de situaciones. En estos casos, contar con un entorno seguro y de confianza, marca la diferencia. Así, serán capaces de abrirse para expresar aquello que están sintiendo. La escucha activa, acompañada de preguntas sobre aquello que están viviendo, facilita que los adolescentes se sientan comprendidos y apoyados.
A la hora de hacer frente y gestionar la frustración que están padeciendo por no alcanzar un objetivo, es esencial que lo hagan desde la tranquilidad y la paciencia. Según el psicólogo clínico Joel Frank, propietario de Duality Psychological Services, estar sobreexpuesto a numerosos estímulos hace que el cerebro esté abrumado por la necesidad de procesar información y tomar decisiones rápidamente. En este contexto, es mucho más fácil que se recurra al pensamiento artificial. De este modo, el psicólogo incide en lo importante de detenerse unos instantes cuando suceda imprevisto, lo cual permite evaluar mejor la situación y tomar decisiones más acertadas.
En este sentido, es fundamental que el entorno les transmita que la gran mayoría de los problemas no pueden solucionarse desde la impulsividad. Y es que el comportamiento de los adultos que les rodean puede marcar la diferencia. Por ello, tanto las familias como docentes deben convertirse en el principal ejemplo en cuento a gestión emocional, mostrando con el ejemplo de cómo afrontar las dificultades de forma equilibrada.
Con todo ello, es importante recalcar que acompañar a los jóvenes emocionalmente no significa evitarles la frustración, sino darles herramientas para afrontarla con madurez. Con empatía, perseverancia y un buen trabajo previo se puede transformar cualquier emoción en una oportunidad de crecimiento y aprendizaje de gran valor.
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Por ello, desde Hastings School, trabajan con las familias con el objetivo de que, tanto en el colegio como en casa, se sigan ciertas pautas para favorecer un uso correcto de la tecnología. Algunas de las pautas a seguir son:
Establecer normas de uso
Es importante fijar ciertas normas en función de la edad de cada niño. Para ello, sobre todo con los niños más mayores, desde el colegio recomiendan dialogar con ellos y establecer juntos cómo y cuándo van a poder utilizar los dispositivos. En el caso de los niños más pequeños, debemos tener en cuenta las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría[1], que aconseja limitar a 1 hora de uso de pantallas a niños de entre 7 a 12 años.
Acompañarlos en su uso
Los niños deben aprender a hacer un buen uso de Internet y, para ello, es fundamental que familias y docentes los acompañen en sus primeros pasos por el mundo digital. Con ello, de forma paralela, se evita que nazca una brecha digital entre adultos y niños, que pueda repercutir negativamente a su uso.
Sé un modelo a seguir
No podemos exigir a los más pequeños un uso responsable de los dispositivos sin dar ejemplo de ello. Por ello, los más mayores deben ser especialmente cuidadosos y respetar aquellos momentos “libres de pantallas” como, por ejemplo, la hora de la comida o la cena. En el caso de que tengan que usarse, hay que explicar a los niños por qué se está haciendo, para que no interpreten que ellos también pueden saltarse las normas cuando quieran.
Mostrarles los beneficios de la tecnología
Como mencionábamos anteriormente, la tecnología puede convertirse en una herramienta que, bien usada, puede ser muy útil tanto en el ámbito escolar como en el personal. Por ello, se les debe enseñar todas aquellas aplicaciones y webs que pueden ser beneficiosas para su desarrollo. A su vez, se les debe dar las herramientas para identificar y contrastar aquella información falsa que circula por la red.
Darles confianza
Siempre y cuando demuestren que están realizando un buen uso de las pantallas y tecnologías, es importante darles cierta libertad. Si hemos hecho una buena pedagogía con ellos, sabrán identificar aquellas barreras que no deben cruzar y, ante cualquier problema, tendrán la
[1] https://www.aeped.es/noticias/aep-actualiza-sus-recomendaciones-sobre-uso-pantallas-en-infancia-y-adolescencia
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