pearl se activó demasiado pronto. Esto suele ser un indicador de que algún código del plugin o tema se ejecuta demasiado pronto. Las traducciones deberían cargarse en la acción init o más tarde. Por favor, ve depuración en WordPress para más información. (Este mensaje fue añadido en la versión 6.7.0). in /homepages/12/d722919044/htdocs/clickandbuilds/NuevaWebACADE/wp-includes/functions.php on line 6131js_composer se activó demasiado pronto. Esto suele ser un indicador de que algún código del plugin o tema se ejecuta demasiado pronto. Las traducciones deberían cargarse en la acción init o más tarde. Por favor, ve depuración en WordPress para más información. (Este mensaje fue añadido en la versión 6.7.0). in /homepages/12/d722919044/htdocs/clickandbuilds/NuevaWebACADE/wp-includes/functions.php on line 6131Las vacaciones de Navidad ya están aquí y con ellas, los niños y niñas de nuestro país dejan de lado los libros, deberes y responsabilidades, para disfrutar al máximo de reencuentros familiares y planes variados que les harán vivir estas fechas de un modo muy especial.
Sin duda, una de las principales características de la época navideña es pasar tiempo de calidad en familia y, para ello, es esencial que los más pequeños de la casa disfruten de experiencias divertidas y que, a la vez, consigan seguir fomentando su aprendizaje. Por ello, más allá de los regalos, las comidas y celebraciones, las manualidades navideñas son, sin duda, un plan y una oportunidad que les permitirá desarrollar habilidades y valores clave en su desarrollo.
Aprovechar estas semanas para llevar a cabo distintas actividades con un fin pedagógico nos ofrece la posibilidad de transformar el entretenimiento en una herramienta realmente útil para potenciar la creatividad, la motricidad, el trabajo en equipo o la sostenibilidad, entre muchos otros valores. Así pues, Maricel Cortés, profesora de Infants del Colegio Europeo de Madrid, nos da algunas ideas con las que, sin duda, nos podemos entretener todos juntos y los peques, además, se lo pasarán en grande:
Sin duda, las manualidades o actividades navideñas permiten que el arte y la creatividad acaben siendo una experiencia tan educativa como enriquecedora. Estas vacaciones no hay excusa, es el momento de pasar tiempo en familia y, con estas ideas, ayudar a los niños y niñas a que sigan aprendiendo mediante el juego y la diversión, desarrollando habilidades cruciales para su crecimiento, tanto personal como académico. Ahora sí… ¡Felices Fiestas!
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Un año más, la Navidad llama a nuestra puerta y así llega una época realmente mágica, donde los reencuentros familiares, las ciudades llenas de luz e ilusión, y los momentos llenos de emoción cobran todo el protagonismo. En estas fechas, además, el consumo se multiplica en los hogares de todo el país, debido a todas esas reuniones con amigos y familiares: desde las compras en el supermercado para preparar cenas y comidas, hasta los regalos con los que sorprenderemos y nos sorprenderán la noche que llegue Papá Noel, los Reyes Magos o, incluso, en los amigos invisibles.
Con plena consciencia de que estas fiestas, además de especiales y bonitas, son el reflejo de un consumo, normalmente, disparado, es muy importante que, tanto desde los centros educativos como desde el entorno familiar, enseñemos a los más pequeños a vivirlas con responsabilidad. Por ello, fomentar la sostenibilidad y el consumo responsable en unos días tan significantes será esencial, además de aportarles múltiples beneficios en su crecimiento personal y crear ciudadanos comprometidos.
Por supuesto, combinar responsabilidad y sostenibilidad con la ilusión y la magia de la Navidad es totalmente posible y gracias a ellos conseguiremos que los niños y niñas puedan desarrollar una visión más crítica, solidaria y consciente que no solo durará estas fechas. Ahora bien, ¿cómo podemos conseguirlo?
Sin duda, la Navidad es la época perfecta para fomentar valores como la solidaridad, la responsabilidad o la empatía, tanto por otras personas como por el entorno que nos rodea. En una época en la que, además, nos preocupamos por cómo decorar, qué regalar o qué planes hacer, la oportunidad para poner en marcha el pensamiento reflexivo se multiplica. Así pues, hacer partícipes a los niños y niñas sobre estas decisiones también conseguirá que entiendan el impacto de sus elecciones.
¿Qué productos necesitamos para preparar la comida o la cena que queremos? ¿Dónde podemos comprarlos? Lo primero que debemos tener en cuenta es que comprar en exceso no tiene ningún sentido. Es fundamental ser un ejemplo para los niños y las niñas, mostrándoles que la comida no debe sobrar ni desperdiciarse nunca. Debemos servirnos la cantidad que vayamos a consumir y, si sobra comida, podemos aprovecharla para elaborar un nuevo menú. Además, nuestro hijo o hija puede participar en su preparación, convirtiéndolo en un momento educativo y divertido.
Por otro lado, evidentemente, apostar por el comercio local y pequeños negocios nos ayudará a fomentar la economía local y, además, a reducir el impacto ambiental. Asimismo, en estos casos, el trato suele ser mucho más directo y personalizado, algo que siempre suma.
Como veníamos anticipando, otros de los grandes protagonistas de las fiestas navideñas son los regalos. Ahora bien, ¿realmente damos y recibimos cosas que necesitamos?, ¿es imprescindible envolverlos? Estas preguntas son fundamentales cuando queremos apostar por un consumo responsable. Los juguetes seguirán siendo los favoritos de los más pequeños, pero es importante acompañarlos a valorar aspectos esenciales. Optar por la calidad antes que por la cantidad puede implicar recibir menos regalos, pero estos serán más significativos, útiles y duraderos. Además, para evitar el uso excesivo de papel de regalo sin renunciar a la sorpresa y la ilusión, podemos envolver los regalos con telas reutilizables. Otra alternativa es regalar experiencias en lugar de objetos materiales: desde entradas para un espectáculo musical o la visita a un museo, hasta una escapada familiar o un taller navideño. Este tipo de regalos puede convertirse en un recuerdo verdaderamente inolvidable.
Además de aquellos regalos o juguetes que compremos, la Navidad es la época perfecta para dar una segunda vida a aquellos que ya no se usan en casa. Por ello, donar juguetes o ropa en buen estado o participar en mercadillos solidarios ayudará a que los más pequeños comprendan la importancia de compartir con quienes más lo necesitan, al mismo tiempo que aprender el valor de reciclar y reutilizar.
Y, por supuesto, en una fecha como esta no podemos dejar de lado la decoración. Nuestras casas, los colegios, las tiendas de nuestro barrio o ciudad… ¡todo se llena del espíritu navideño! Por eso, la decoración también puede convertirse en una oportunidad perfecta para fomentar la creatividad y la conciencia ambiental. Podemos organizar talleres con los niños y niñas donde reutilicemos materiales para crear adornos que nos acompañarán durante estas semanas. También podemos recurrir a elementos naturales (como flores, piñas o ramas) para elaborar centros de mesa o la corona que colocaremos en la puerta del hogar. Es recomendable utilizar materiales que, una vez que ya no los necesitemos, puedan depositarse en el contenedor de reciclaje y continuar así formando parte de la economía circular. De esta manera, les enseñamos que no siempre es necesario comprar para crear algo bonito y decorativo; además, aquello que elaboramos con nuestras propias manos adquiere un valor emocional especial. Y, cuando llegue el momento de despedirnos de esas decoraciones, podremos darles una nueva vida si las reciclamos correctamente.
Seguramente no haya una época del año que los niños y niñas vivan con tanta ilusión y es precisamente por ello por lo que la Navidad es el periodo perfecto para despertar en ellos empatía, responsabilidad y compromiso social, valores que, sin duda, debemos fomentar en su día a día, tanto en el ámbito educativo como familiar, pero en los que debemos hacer hincapié, con más fuerza si cabe, en fechas tan señaladas como estas.
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El Colegio Europeo de Madrid apuesta por la educación internacional con el fin de disfrutar de los desafíos de un mundo global y apreciar su diversidad. Por ello han incorporado el IB (Bachillerato Internacional), que refleja el constructo multidimensional de la mentalidad internacional, incluyendo la responsabilidad social, la interconexión, la apertura y la adopción de perspectivas. Además, desde CEM se llevan a cabo diferentes proyectos y actividades que permiten a sus alumnos conectar con estudiantes de otros países, demostrando así cómo los intercambios y las colaboraciones europeas transforman su aprendizaje.
Entre estos proyectos, cabe destacar que desde el 25 y hasta el 28 de noviembre, el Colegio Europeo de Madrid recibirá a un grupo de 12 estudiantes de 17 a 18 años y tres profesores de un centro educativo de Tallin, Estonia, que compartirán una experiencia educativa con 36 alumnos y varios docentes españoles.
El objetivo de este programa no es otro que fomentar la comunicación intercultural entre jóvenes de España y Estonia, potenciar habilidades del siglo XXI como la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración y la empatía. Además, durante la estancia, se introducirá el enfoque de Design Thinking para resolver desafíos reales y se creará la base de una red internacional de aprendizaje y colaboración entre centros europeos.
Sin duda, desde CEM, quieren demostrar cómo este tipo de colaboraciones transforman el aprendizaje de sus alumnos y supone un gran valor añadido en su desarrollo, tanto académico como personal.
De este modo, entre los principales beneficios de este tipo de proyectos destacan: el desarrollo de la competencia intercultural, donde los estudiantes aprenden a comprender, respetar y valorar otras culturas, idiomas y formas de pensar. El fortalecimiento de habilidades comunicativas, ya que el trabajo junto a otros estudiantes europeos impulsa la comunicación en otro idioma y fomenta la capacidad de expresar ideas con claridad en contextos reales y multiculturales. Por otro lado, cabe destacar el aprendizaje activo y significativo, que permite enfrentarse a retos reales y generar soluciones creativas. Además, también se fomenta el trabajo en equipo, ya que la interacción con estudiantes de otros países exige organización, reparto de roles y sentido de la responsabilidad compartida. Sin duda, este tipo de proyectos también implica una mayor motivación y apertura intelectual, ya que les permite vivir experiencias internacionales dentro de su propio colegio, lo que amplia sus horizontes, despierta su curiosidad y refuerza el deseo de aprender. Y, por supuesto, esto los prepara para un futuro global, lo que les acercará a trabajar en entornos internacionales, una competencia que, sin duda, será clave para el futuro profesional al que se van a enfrentar.
Para Marta Pérez, directora de CEM: «Este tipo de iniciativas refuerzan el compromiso del Colegio Europeo de Madrid con una educación internacional, innovadora y plenamente orientada al futuro. Nuestro propósito es que estos proyectos inspiren a nuestros alumnos y les ayuden a comprender en profundidad la diversidad del mundo. Aspiramos a que estas colaboraciones enriquezcan a toda nuestra comunidad educativa y ofrezcan a nuestros estudiantes oportunidades únicas para crecer, aprender y convertirse en ciudadanos globales y responsables.»
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Lamentablemente, un nuevo caso de acoso escolar con el peor de los finales y escenarios posibles, ha vuelto a acaparar las portadas y noticias de todos los medios de comunicación de nuestro país. Y no es para menos.
El bullying sigue siendo uno de los principales problemas de nuestra sociedad y una auténtica amenaza para el bienestar físico y mental de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Según un estudio reciente de la Fundación ANAR (Ayuda a Niños, Niñas y Adolescentes en Riesgo), el porcentaje de alumnos que sufre acoso escolar o ciberbullying en España es del 12,3%, suponiendo esto, además, un aumento con respecto año anterior. Este informe también señala que el 6,5% del acoso es presencial, un 1,1% es ciberacoso y un 1,8% ambos casos. Este mismo estudio, además, refleja que el 82% de las víctimas sufre consecuencias emocionales graves, como ansiedad o depresión. Sin duda, unas cifras alarmantes que necesitan, con urgencia, medidas institucionales y educativas para frenarlas.
En muchos casos, la reacción frente a una situación de acoso escolar suele llegar tarde. Por ello, el verdadero reto, como sociedad y como sistema educativo, es la prevención, la construcción de entornos donde el acoso no tenga cabida porque la convivencia, el respeto y la empatía son valores que forman una pieza fundamental. Así pues, los programas antibullying que se aplican en muchos centros como parte de su proyecto educativo, acaban siendo una herramienta fundamental para conseguirlo.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que un programa antibullying no se basa únicamente en campañas puntuales o charlas esporádicas, sino que su eficacia radica en un enfoque integral y totalmente interiorizado dentro del proyecto educativo de cada centro. Es imprescindible, además, que el mismo aborde el problema desde todos los puntos: emocional, social y educativo.
Por suerte, ya hay colegios que cuentan con Políticas para la Protección Integral del Menor y Programas de Bienestar que engloban, entro otros, prevención del acoso, seguridad digital y apoyo en salud mental. Estas políticas están integradas en los Planes de Convivencia que se revisan anualmente en el centro. Entre sus actividades, destacan dinámicas de reconocimiento emocional, ejercicios de role-playing para la resolución de conflictos y proyectos cooperativos trimestrales que fomentan la empatía y la inclusión desde las primeras etapas educativas. Además, la figura de Coordinación de Safeguarding (Protección del Menor), cada vez más presente en centros educativos, garantiza la correcta aplicación de los protocolos de actuación y la comunicación directa con familias y docentes. Este rol, además, trabaja en alineación con el marco de la Comunidad de Madrid y, cuando es necesario, con la Unidad de Apoyo contra el Acoso Escolar, aplicando cuestionarios de detección estandarizados para monitorizar el clima escolar y prevenir posibles situaciones de riesgo.
De este modo, los centros educativos que cuentan con un programa antibullying perfectamente establecido no solo conseguirán reducir significativamente los problemas de acoso, sino que conseguirá formar a sus docentes en la detección temprana de señales, implicar a las familias y empoderar a los propios estudiantes como agentes del cambio.
No podemos olvidar que incluir el fomento de la inteligencia emocional como parte del currículo académico también jugará un papel fundamental, ya que esta permitirá fomentar valores como la empatía o las habilidades sociales, al mismo tiempo que reducirá conflictos y promoverá el bienestar general de los alumnos. Además, los propios estudiantes aprenderán a reconocer sus emociones, gestionar cualquier tipo de conflicto y serán capaces de ponerse en el lugar del otro. Cuando esto se consigue, el acoso pierde fuerza, porque el grupo pasa de ser cómplice a protector.
Por otro lado, no podemos dejar de mencionar que otro de los elementos clave que ofrecen los programas antibullying es la formación continua de los docentes, quienes participan anualmente en formaciones específicas en prevención del acoso, ciberconvivencia y detección temprana de señales de malestar emocional. Estas formaciones se integran en el plan de desarrollo profesional del centro y se complementan con herramientas de observación sistemática que permiten actuar de manera preventiva y eficaz ante cualquier indicio de exclusión o conflicto. Y es que no podemos olvidar que los profesores son, sin duda, los primeros observadores del comportamiento de los estudiantes, pero no siempre disponen de las herramientas necesarias para intervenir. Por ello, formarse en este tipo de programas o proyectos, mejorará la detección y gestión de los conflictos y les permitirá, además, crear ambientes donde el respeto y a la inclusión sean normas esenciales en la convivencia de sus aulas.
Y, por supuesto, para evitar y trabajar contra el acoso escolar, las familias también juegan un papel determinante. El hogar es el primer espacio donde cualquier niño o niña aprende a convivir y cuando los docentes y las familias trabajan en la misma línea y con los mismos valores, el impacto de las acciones preventivas se multiplica. Por ello, ofrecerles charlas informativas, realizar talleres y tener siempre la disposición de los tutores para tratar cualquier tema que les preocupe, será fundamental para generar confianza y responsabilidad. Algunos temas clave que tratar en estos talleres o charlas con familias son convivencia positiva, la prevención del acoso y el uso responsable de las redes sociales y la tecnología, reforzando así la colaboración entre escuela y familia como un eje esencial del bienestar del alumnado.
Así pues, es más que evidente que los programas antibullying son urgentemente necesarios en los proyectos educativos y deben ser, con más fuerza que nunca, una prioridad institucional y un compromiso firme por parte de los centros escolares. Porque evitar el acoso escolar no es una utopía, pero requiere de constancia, visión, liderazgo y programas efectivos que garanticen la seguridad y el bienestar de cualquier menor.
La lucha contra el acoso escolar no se gana con discursos, sino con acciones sostenidas, con educación emocional y con una comunidad educativa unida en un propósito común: garantizar que cada niño y cada niña se sientan seguros, valorados y libres de ser quienes son.
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Como cada año, desde 1992, el próximo 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental que tiene como objetivo concienciar sobres los problemas de la misma en todo el mundo y movilizar esfuerzos en apoyos para ella.
Cuando hablamos de salud mental, debemos tener en cuenta una parte esencial de nuestra vida: la infancia. Cuidar de la salud emocional de los niños y niñas implica mucho más que pensar en la ausencia de trastornos, ya que supone garantizar que estos crezcan en entornos seguros, estimulantes y emocionalmente sostenibles. Esto se debe fomentar no solo en el ámbito familiar, que por supuesto, sino también en el entorno académico y escolar que es donde pasamos gran parte de nuestra niñez.
Así pues, esta visión adquiere especial relevancia cuando hablamos de alumnos con necesidades educativas especiales o diversidad funcional, como puede ser el autismo, el TDAH o trastornos de aprendizaje, entre otros. Lo primero que debemos tener en cuenta es que estos niños y niñas presentan una mayor vulnerabilidad frente a algunos estados como la ansiedad, la frustración o la exclusión social. Por ello, desde los centros educativos, debemos asumir un papel decisivo en su bienestar emocional y en la fortaleza de su autoestima.
La neurodivergencia, entendida como las distintas formas en que funciona el cerebro humano, no debería ser vista como una limitación, sino como una manifestación de la diversidad humana. Sin embargo, en la práctica, muchos niños y niñas con autismo, TDAH, dislexia u otros trastornos del aprendizaje experimentan dificultades añadidas en su día a día como incomprensión, falta de apoyos y entornos educativos rígidos que no reconocen sus necesidades particulares. Y esto, sin duda, supone un hándicap bastante importante en su desarrollo académico y personal.
De este modo, no podemos olvidar que estas barreras tienen consecuencias directas en la salud mental como el aumento de la ansiedad, la baja autoestima, el retraimiento social o, en casos más graves, incluso síntomas depresivos. Por eso, atender sus necesidades no es un añadido, sino una cuestión de justicia educativa y de prevención en salud mental que debemos tener siempre presente, en todos los entornos de los niños y niñas que se encuentran en esta situación.
La importancia de la inteligencia emocional y el papel de los docentes
Llegados a este punto, debemos ser conscientes de que la inclusión debe ser real y que esta no puede limitarse a ser conscientes de las necesidades de estos niños y niñas, sino que debe generar condiciones reales de participación, aprendizaje y bienestar para todos. Por ello, no basta con adaptar los contenidos, sino que hay que apostar por una educación flexible y personalizada, individualizando el aprendizaje de cada niño, según sus circunstancias especiales. Cuando esto se consigue, además, no solo mejora su calidad de vida, sino la de todo su entorno, ya que conseguimos fomentar valores como la diversidad o la empatía en el resto de sus compañeros.
Por otro lado, cabe destacar que no podemos dejar de lado la inteligencia emocional y la importancia de apostar por ella en los sistemas educativos. Así pues, apostar por programas de educación emocional que enseñen a identificar y expresar sentimientos de manera accesible para todos, crear espacios seguros donde los niños y niñas se sientan en confianza, o fomentar una comunicación respetuosa donde se promuevan los refuerzos positivos, será clave para conseguirlo.
Por supuesto, el papel de los docentes es fundamental, ya que contar con un profesorado formado y sensibilizado será primordial para poder llevar todo esto a cabo. Por ello, invertir en formación especializada en autismo, TDAH, trastornos del aprendizaje y estrategias de inclusión es una medida fundamental para llegar a garantizar el bienestar de los niños con atención especial.
En definitiva, lo que está claro es que promover y cuidar de la salud mental en niños y niños con necesidades especiales no se puede conseguir con acciones aisladas, sino que se debe invertir en una educación realmente inclusiva y coherente, apostando por metodologías adaptadas, apoyos específicos y un profesorado formado y sensibilizado.
Y es que, la verdadera inclusión solo es aquella que permite que todos los niños y niñas se sientan aceptados, capaces y valiosos, porque ese será el punto clave en su desarrollo académico y en su bienestar emocional a lo largo de su vida.
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Despedirnos del verano, las vacaciones y los días de desconexión ya es una realidad que, aunque cueste asumir, debemos afrontar y lo haremos, sin duda, de la mejor forma posible: con las pilas recargadas y las ilusiones renovadas para afrontar esta nueva etapa de reencuentros y retos.
Con la llegada de septiembre arranca de nuevo el curso escolar y las mochilas se llenan de libros, estuches y nervios. La vuelta al cole se convierte en un ritual que marca el fin del verano y el inicio de una nueva etapa llena de expectativas. Para los niños, supone reencontrarse con amigos, aprender cosas nuevas y retomar sus rutinas y, para las familias, representa tanto un alivio como un desafío: se recupera cierta normalidad en la organización diaria, pero también surgen preocupaciones sobre el rendimiento escolar, la conciliación y el bienestar emocional de los pequeños.
Lo interesante de este momento del año es que reúne luces y sombras. No se trata solo de comprar libros nuevos, empezar a estudiar para los exámenes o revisar horarios, sino de acompañar a los niños en un proceso de adaptación que implica cambios emocionales, sociales y prácticos. Ahora bien, ¿cómo podemos afrontar esta etapa de la mejor forma posible? ¿Cuáles son, realmente, sus principales ventajas y desafíos?
Sin duda, uno de los beneficios más evidentes y necesarios es la vuelta a la rutina. Aunque el descanso y romperla durante las vacaciones es esencial, muchos niños necesitan recuperar sus hábitos de sueño, comidas y estudio, así pues, el cole es clave para ello. Por otro lado, la vuelta al cole es la oportunidad perfecta para fomentar valores esenciales durante la infancia como la empatía, el trabajo en equipo o la tolerancia, ya que reencontrarse con sus compañeros se convertirá en un estímulo emocional que lo hará posible. Además, cabe destacar que otro de los aspectos más importantes de la vuelta al cole es el desarrollo cognitivo: retomar las clases estimula su curiosidad, enfrentarse a nuevos retos o reforzar aprendizajes, lo que les ayudará tanto en su desarrollo académico, como personal.
Y, aunque la vuelta al cole cada año se convierte en un sinfín de oportunidades llenas de ilusión y nuevas aventuras, también trae consigo desafíos, tanto para los más pequeños como para sus familias. En muchas ocasiones, el estrés emocional tras unos meses de descanso aparece sin previo aviso y es que no todos los niños afrontan septiembre con la misma ilusión. Separarse de sus padres, el miedo a no encajar o sus propias inseguridades, pueden provocar en ellos situaciones delicadas. Por ello, es esencial que los adultos muestren empatía ante estas situaciones escuchando sus preocupaciones, validando sus emociones y acompañándolos en el proceso de adaptación.
Por otro lado, no podemos dejar de mencionar otro de los grandes desafíos de esta etapa: la conciliación. Aunque el colegio cubre buena parte de la jornada laboral de los adultos, los horarios no siempre se ajustan a las exigencias profesionales de los padres. Las actividades extraescolares se convierten a menudo en un parche para cubrir huecos, pero no todas las familias pueden acceder a ellas y esto plantea la necesidad de seguir avanzando en modelos de conciliación más flexibles y en redes de apoyo que puedan permitir que la conciliación en nuestro país sea real.
En definitiva, la vuelta al cole es, sin duda, una metáfora del de la misma vida: un nuevo comienzo que trae consigo expectativas, miedos y aprendizajes. Y es evidente que cada niño y cada familia lo viven de forma diferente, pero todos comparten un mismo desafío: encontrar el equilibrio entre las obligaciones y el disfrute, entre el esfuerzo y la ilusión, y conseguir que los más pequeños de la casa vivan esta etapa con ganas de aprender, superarse y seguir creciendo, en todos los sentidos.
No hay ninguna duda de que, si somos capaces de acompañar este proceso con empatía, organización y diálogo, la vuelta al cole dejará de ser un mero trámite logístico para convertirse en una oportunidad de crecimiento colectivo, donde nuestros hijos podrán ser muy felices y vivir cada momento del proceso con ganas e ilusión. Y es que, al final, lo que está en juego no son solo las notas o la agenda escolar, sino la formación integral de las personas que serán nuestra futura sociedad.
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Ahora sí, las vacaciones de verano ya están a la vuelta de la esquina y estas, sin duda, se convierten en la época del año más esperada por los pequeños de la casa. Ha llegado el momento de desconectar de las clases, los deberes y exámenes, para dar paso a la piscina, los planes con amigos, prescindir un poco de horarios y rutinas, y disfrutar de un merecido descanso tras el esfuerzo realizado durante el curso escolar.
No obstante, para muchos peques, esta época se hace un poco larga y, en muchas ocasiones, llega el aburrimiento. Así pues, para evitar que esto ocurra y que el verano se convierta en una etapa llena de diversión, y a su vez, de aprendizaje, Alicia Roldán, profesora de Infantil del Colegio Europeo de Madrid, nos propone 10 actividades para que nuestros hijos estén entretenidos y felices durante estos dos meses que nos quedan por delante, ¡toma nota!
Sin duda, todas estas actividades no solo mantendrán a los más pequeños de la casa entretenidos, sino que nos ayudarán a fortalecer el vínculo familiar, así que… ¡Aprovecha estas vacaciones para disfrutar junto a ellos y convertir su verano en una experiencia inolvidable!
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El fin de curso viene acompañado de muchas emociones. Por un lado, la alegría de saber que llegan las vacaciones más largas de todo el año y que los días de playa, piscina y diversión van a ser los protagonistas. Por otro, la emoción de recibir las notas finales, donde se ve reflejado el trabajo realizado durante todos estos meses. No obstante, en muchos casos, las notas también acaban trayendo cierta decepción, ya que no todos los niños y niñas consiguen lograr los resultados académicos que esperaban y esto acaba provocando tristeza y convirtiéndose en un reto, tanto para los estudiantes como para sus familias.
Ahora bien, ¿qué podemos hacer los padres y madres cuándo las notas no reflejan el esfuerzo y trabajo realizados o, directamente, son la evidencia de una falta de motivación? Sin duda, en este punto, la inteligencia emocional jugará un papel esencial y acompañar a los niños, emocionalmente hablando, cambiar el foco del fracaso por la oportunidad, así como reforzar su autoestima serán claves para sobrellevarlo de la mejor forma posible.
Así pues, lo primero que debemos hacer es validar sus emociones sin juzgarles. Escuchar y validar lo que nuestros hijos sienten será una pieza fundamental en su desarrollo, tanto emocional como personal. Puede que, tras unas notas peores de lo que esperaban, estén tristes, frustrados o enfadados. Estas emociones también son válidas y forman parte de su aprendizaje como personas. Por ello, es muy importante que les brindemos nuestra comprensión, que les apoyemos y entendamos cómo se sienten y les invitemos a que lo compartan con nosotros, sin miedo a ser castigados por ello.
Por otro lado, separar el valor personal de las notas también será muy importante. Debemos hacer hincapié en que sus valores como personas no dependen de sus notas. Por supuesto, las calificaciones reflejan un resultado en distintas materias, pero no definen quiénes son, ni si quiera su potencial académico que, por supuesto, siempre se puede mejorar. Por ello, debemos tener claro que, si hay esfuerzo de por medio, no podemos transmitirles que un suspenso es un fracaso vital, sino una alerta de que hay algo que debe mejorar o que, incluso, el esfuerzo no ha sido suficiente. Así que, para motivarles, será clave fomentar su autoestima, valores y esfuerzos.
Analizar el transcurso del curso, desde un punto de vista constructivo, también será muy importante. Tras las primeras emociones al recibir la nota, es importante que nos sentemos con nuestros hijos para hacer, junto a ellos, un repaso del curso y analizar juntos qué asignaturas les han resultado más complicadas, cuál ha sido su método de estudio, o ver qué no ha funcionado y por qué. Por supuesto, este análisis debe hacerse desde la comprensión, en un tono de diálogo, y jamás desde el reproche o el enfado, ya que el objetivo no puede ser otro que identificar los fallos y poder aprender de ellos, organizando un plan de mejoras de cara al próximo curso.
Cabe destacar que, en todo momento, hablamos de un esfuerzo que no ha obtenido los resultados deseados. Por ello, más allá de las notas obtenidas, debemos valorar el esfuerzo que ha habido detrás y analizar si ha sido suficiente y cómo se puede mejorar. Valorar el trabajo realizado y la perseverancia, ayudará, sin duda, a entender que el aprendizaje es mucho más que una nota y, con esto, conseguiremos, además, reducir el miedo al fracaso, que muchas veces actúa como bloqueo.
Por lo tanto, establecer objetivos reales y alcanzables, será un punto clave en todo este proceso de mejora de cara a su futuro académico. Estos objetivos deben ser realistas y debemos adaptarlos a su edad y situación. Podemos ver con ellos distintas opciones, como dedicar más tiempo a las tareas o estudio o reforzar aquellas asignaturas que les motiven menos. Estas metas deben ser realistas y, con ellas, debemos conseguir generar la sensación de progreso. Además, si las dificultades persisten, siempre podemos buscar apoyo externo, como profesores particulares o, incluso, valorar la opción de ir a terapia, ya que muchas veces, detrás de un bajo rendimiento académico, hay factores que influyen como la ansiedad o problemas de autoestima. Por ello, detectarlos y tratarlos a tiempo, será esencial para conseguir que los niños y niñas evolucionen, a nivel académico, pero también personal.
Ahora, que llega el verano, el descanso y las vacaciones, es importante que los niños y niñas también puedan disfrutar de todo ello. El descanso, el juego y las actividades lúdicas, son una parte fundamental de su desarrollo, así que, aunque haya asignaturas que reforzar, también es momento para desconectar y fortalecer vínculos familiares o practicar habilidades sociales.
Es evidente que no todos los finales de curso son brillantes, pero, sin duda, todos ellos son una oportunidad para aprender, superarnos y crecer como personas. Efectivamente, nuestro papel como padres o madres no es evitar que nuestros hijos fallen, sino ayudarles a que de los errores se aprende y a fomentar en ellos la confianza y capacidad de superarse. Esto, por supuesto, solo será posible si lo hacemos desde la empatía, el acompañamiento y la comprensión.
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Se acerca el que, sin duda, es para muchos uno de los días más especiales del año: El Día del Libro. Esta fecha, que se celebra cada 23 de abril desde que la UNESCO la instauró en 1995, es la excusa perfecta para poner en valor algo que no se nos puede olvidar tampoco en el día a día: fomentar la lectura en todas las edades. Si, además, esto lo hacemos desde los primeros años de vida de cualquier persona, estaremos ofreciendo la oportunidad de potenciar su desarrollo intelectual, emocional y social.
Por supuesto, no es un secreto para nadie que la lectura aporta múltiples beneficios como estimular la imaginación, enriquecer el vocabulario o mejorar la concentración, entre otros. Por ello, hoy hablamos de 10 claves que nos ayudarán a fomentar este hábito en los más pequeños:
Así pues, es evidente que fomentar la lectura desde la infancia solo podrá aportar beneficios en su crecimiento y personalidad, ofreciéndoles a los más pequeños grandes oportunidades de desarrollo cognitivo como la concentración o favorecer su memoria, así como mejorar su comunicación, su creatividad y su comprensión.
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Es evidente que la sostenibilidad se ha convertido en un tema fundamental en la actualidad y al que, sin duda, debemos prestar especial atención. Por ello, desde los centros educativos se juega un papel crucial en la formación de ciudadanos responsables con el medio ambiente. Así pues, fomentar la sostenibilidad en los colegios no solo nos ayuda a reducir el impacto ambiental, sino que también inculca valores de responsabilidad y conciencia ecológica entre los estudiantes, algo que, sin duda, favorecerá su crecimiento personal.
De este modo promover la sostenibilidad en las aulas y desde los primeros años académicos es fundamental y existen distintas estrategias que nos permitirán llevar esto a cabo.
Ahora bien, ¿cómo pueden los centros educativos dar el mejor ejemplo? Llevando esto a la práctica. Gracias a ello, los alumnos podrán normalizar e interiorizar algunas prácticas que, sin duda, les ayudarán a cuidar nuestro planeta de una forma prácticamente automática. Por ello, es importante que desde los colegios se tomen medidas reales como, por ejemplo, implementar sistemas de iluminación LED en sus instalaciones, lo que permitirá reducir el consumo energético o la eliminación de plásticos de un solo uso como, por ejemplo, botellas de agua individuales. Además, la instalación de fuentes de agua filtrada para fomentar el uso de botellas reutilizables también será un punto clave en esta puesta en práctica.
Por todo ello, es evidente que programas de aprendizaje sobre sostenibilidad en todas las etapas educativas con el enfoque IB y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), así como talleres, charlas o proyectos en colaboración con organizaciones especializadas en medioambiente, también jugarán un papel muy importante.
En conclusión, a través de la educación ambiental los colegios pueden convertirse en espacios ejemplares de sostenibilidad e implementar estas estrategias no solo beneficiará al medio ambiente, sino que también creará una conciencia ecológica en las futuras generaciones.
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